EL OTOÑO
Hace muchos años, cuando aún las casas poseían un "corredor" como el que aparece en esta página, nuestros abuelos se afanaban en estos días otoñales en recoger las nueces, avellanas, castañas o en apartar las uvas. Todos estos frutos, típicamente otoñales, se conservarían en el interior de las viviendas hasta las navidades. Los frutos secos se extendían en los soleados corredores de las casas para que se secasen totalmente y así facilitar su conservación
Normalmente las primeras lluvias de octubre hacen aparecer la tan deseada "otoñada" para todos los que aún viven de la tierra . A los colores ocres, amarillos y violetas de los chopos, fresnos y viñas se une un intenso color verde que hemos añorado durante toda la fugaz primavera y el cálido verano. En noviembre aún las heladas no han aparecido y un intenso verdor cubre el monte y la vega para disfrute de los amantes del campo en estado puro. Las primeras setas se dejan ver y los preciados "cocomilllos", senderitas o champiñones pueden verse a los pies de encinas, entre las amarillentas hojas caídas de los chopos, entre los "tamarales"de las orillas del río o en las numerosas praderas naturales. Si los quehaceres de la gran ciudad te dejan tiempo libre y quieres disfrutar de verdad de la naturaleza acércate por estos bellos parajes, no te arrepentirás.
EL INVIERNO.
los inviernos en la ribera del Tera son duros, las nieblas son constantes y por las noches las heladas intensas. Esto no evita que esta estación tenga su encanto, aún recordamos el "carámbano" de los caños y el regato donde teníamos nuestra particular pista de hielo. Es espectacular observar por las mañanas la escarcha sobre la hierba y en los arboles cuando la niebla es muy intensa ( cencellada).Antiguamente se aprovechaba esta estación para sacar la remolacha pero las azucareras han desaparecido.A pesar del rigor invernal esta estación era y es una de las más festivas del año ;además de las tradicionales matanzas del cerdo se unían los carnavales que eran vividos con intensidad por los mozos y mozas del pueblo pero especialmente por aquellos que aquel año realizaban el servicio militar, cuando era obligatorio.
LA PRIMAVERA
La primavera en la Ribera del Tera resalta por su color y luminosidad. La primavera del monte se viste de blanco con la jara florecida y de verde claro con la encina en flor. Los olores a tomillos salseros o sanjuanes impregnan el ambiente y los centenos o trigales se llenan de amapolas.
En la vega ,antiguamente destacaban los colores amarillentos de los navales en flor. Hoy predomina el color verde de los maizales y de los altos chopos . Aún podemos contemplar en el bosque de ribera al aliso aquí llamado “humero” cuya madera era muy utilizada para aperos de labranza y algún que otro fresno como recuerdo a las numerosas fresnedas que se extendían por toda la margen del Tera. Es una época ideal para visitar el pueblo y disfrutar no solo de los olores y colores de la naturaleza sino también de una rica gastronomía en alguno de los restaurantes de la zona. O porque no, aprovechar esta época para celebrar nuestras bodas de plata, de oro o cualquier otro acontecimiento, el lugar se presta para ello.
EL VERANO.
El verano hace unos años significaba trabajo duro y fatigas, era la época de la siega y la trilla que ponía a prueba a toda la familia durante tres meses. Actualmente verano es sinónimo de fiesta, vacaciones y reencuentros de los que un día dejamos el pueblo y volvemos cada verano a nuestras raíces. Las temperaturas diurnas son altas pero por la noche aprovechando el verdor de la vega y la proximidad del río, refresca y podemos dormir tranquilamente. Durante estos meses está abierta la zona de recreo de la barca que congrega a varios campistas y muchos turistas deseosos de darse un baño en las frías pero agradables aguas del Tera. Las fiestas en los pueblos limítrofes son numerosas y la marcha para los jóvenes y no tanto está garantizada.